11-2-2024. Domingo 6º Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 1, 40-45)

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Comentario: “Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: Quiero, queda limpio”

Queridos hermanos y amigos en el Señor:

Este domingo, 11 de febrero, unimos a la fiesta de la Virgen de Lourdes la celebración de la XXXII Jornada mundial del enfermo. Cuyo lema es: “NO conviene que el hombre esté solo” Cuidar al enfermo cuidando las relaciones. Según el Papa Francisco «La Jornada Mundial del Enfermo, en efecto, no solo invita a la oración y a la cercanía con los que sufren. También tiene como objetivo sensibilizar al Pueblo de Dios, a las instituciones sanitarias y a la sociedad civil sobre una nueva forma de avanzar juntos.

También hoy celebramos la 65 “Campaña contra el Hambre” con el eslogan “El efecto ser humano” La única especie de cambiar el Planeta.

  1. La curación de un leproso.

Este hombre, seguramente cansado de su condición, se acerca a Jesús y se arrodilla, poniendo toda su confianza: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se compadece y lo toca, rompiendo no solo una costumbre, sino una norma religiosa sumamente rígida. Jesús se salta hasta la Ley que margina y excluye a la persona. Jesús pone a la persona por encima de la Ley, incluso de la Ley religiosa. La religión de Jesús no es contra la vida, sino al contrario: pone en el centro la vida de las personas. La vida y las personas por encima de la Ley, no al revés. Es una página recurrente en los evangelios: Jesús cura, guarece a los enfermos. No solo predica, sino que cura. Palabra y hechos. Decir y hacer. Anuncio y construcción. Teoría y praxis. Liberación integral: espiritual y corporal. Y ésta es su religión el amor, el amor liberador, por encima de toda ley que aliene. La Ley consiste precisamente a amar y liberar, por encima de todo.

  • La marginación como defensa

            De todos es sabido que las sociedades han recurrido desde antiguo a apartar a aquellos miembros que pudieran significar un peligro para su seguridad o su orden.

            La expulsión, el desierto, el encarcelamiento y hasta la pena de muerte se han justificado como autodefensa de los peligros que pudieran venir del interior de la comunidad.

            En las sociedades modernas, con muchos más medios, se sigue practicando la exclusión, física o moral, para defenderse de lo que se consideran “peligros sociales”.

Ante la migración, las sociedades del 1º mundo sienten una amenaza. 

Los enfermos de sida, los drogadictos también saben mucho de la estigmatización física y moral que les hemos colocado. Entienden de medidas sanitarias para evitar contagios; sufren tremendamente por las etiquetas que les hemos colocado y con las que les señalamos.

El hambre de millones de seres humanos es la primera y más importante marginación y el que hace que a diario mueran cientos de personas inocentes.

            Si en la antigüedad eran determinadas enfermedades y comportamientos como la lepra, hoy son la migración, el sida, la droga, el paro y otras muchas. La justificación es la misma.

Muchos de nosotros hemos pasado el covid-19 y hemos experimentado algo parecido al estar 14 días totalmente aislados, solos, sin poder hablar con nadie. ¡Imaginaos toda la vida! Una de las consecuencias de los ingresos en los hospitales por el covid-19 fue la soledad a la que fueron sometidos y en la que murieron muchos familiares y conocidos.

  • El miedo

            En el fondo de esta actitud defensiva está el miedo que puede tener muy diversas motivaciones.

            En la antigüedad el miedo se relacionaba con fuerzas y espíritus del mal, simbolizados en los demonios, enfermedad, carencia de hijos y la pobreza. Todos se consideraban signos de la maldición de Dios.

            Hoy el miedo a las migraciones que pueden desbordarnos nos lleva a cerrar fronteras y poner dificultades a la integración de los extranjeros necesitados. El miedo a la delincuencia nos hace poner el grito en el cielo y pedir medidas de control y represión. Hay tantas cosas a las que tenemos miedo…. Pero en cualquiera de sus formas, el miedo nos indica la dinámica de la marginación: hay que cerrar nuestras fronteras y poner a estas personas marginadas (leprosas) al margen, aparte, en otro lado, en la cárcel, en el hospital, en las residencias de mayores.

  1. El rechazo

            Con el miedo surge el rechazo, situación que nadie quiere experimentar, puesto que es la forma del desamor, de la desunión, de la incomprensión.

            El rechazo es la fuerza que encadena toda una serie de sentimientos y acontecimientos enormemente destructivos, de los que la persona trata de liberarse: desamparo, infravaloración, inutilidad, descontrol, autoabandono, pérdida del sentido de la dignidad personal.

            Muchos de nuestros marginados, terminan sin fuerzas para reinsertarse en la sociedad, porque las cadenas del desamor les atenazan y, en muchos casos, los condenan a un tipo de vida que no han deseado, y del que se sienten incapaces de escapar.

  1. El cambio de perspectiva

         Jesús ve la realidad desde la perspectiva del que está al “otro lado”, desde el marginado. Su interés no está tanto en discutir las razones de la marginación sino en hacer lo necesario para su reincorporación a la comunidad, a la familia, a la clase, a la convivencia y a la valoración del otro como una persona más con sus necesidades y sus aspiraciones.

            Lo más significativo no es lo que hace sino el significado social de su acción.

            Lo más significativo no es el milagro, sino el cambio de perspectiva que Él realiza y que nos invita a que realicemos. El Reino de los cielos se construye “sintiendo lástima” compasión, metiéndonos en la piel, los zapatos del otro. Extendiendo y tocando con nuestras manos.

            Hoy se nos invita a meternos en la piel de tantos millones de seres humanos que pasan hambre. Solo cuando experimentamos el HAMBRE EN NUESTRO ESTÓMAGO podemos entender lo que eso significa. También se nos invita a meternos en la soledad de nuestros mayores, ancianos y enfermos.

  1. El amor desencadena

         Si el rechazo desencadena toda una serie de acontecimientos negativos, el amor inicia otra dinámica que lleva a la liberación de las cadenas que atan a muchas personas.

            El amor es un grito de libertad.

            El amor nos pide romper la lógica normal de nuestros miedos y mecanismos de defensa.

            El amor nos pide ser generosos y compartir con los que no tienen ni siquiera para comer. Nuestro tiempo con los mayores y enfermos. Así, podrán también, como el leproso del evangelio, anunciar el Reino de Dios. Amén.

Hoy me pregunto:

  1. ¿Yo tengo la fuerza y osadía de acercarme a Dios cuando me siento pecador, marginado, pobre, enfermo? ¿Y la tengo para acercarme a los marginados: drogatas, migrantes, familiares?
  2. ¿Qué siento cuando veo a un marginado? y ¿qué siento cuando me marginan?
  1. ¿Cómo me relaciono con los marginados de este mundo?
  2. ¿Los escucho, acojo, me meto en su piel, los miro a los ojos, les tiendo mi mano o me dan miedo?
  3. ¿Conozco alguno, conozco su historia personal?
  • Una idea: Jesús viene a curar todas nuestras enfermedades. «Quiero: queda limpio».
  • Una imagen: Extendió su mano lo tocó y lo curó.
  • Un afecto: la alegría de sentirme querido por todos y no excluido.
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