Más allá del aspecto culinario, la jornada tuvo un marcado «Carácter social y comunitario. Tal y como explicó el párroco, Ramón Fresneda, esta paellada es ya una tradición consolidada que cada año consigue reunir a un gran número de personas. «Tiene mucho tirón, porque la gente se apunta y disfruta de un día al aire libre», señalaba, destacando además el valor de encuentro y convivencia que aporta esta celebración.
Aunque no todos pudieron asistir, el buen tiempo acompañó y permitió que la fiesta se desarrollara en un ambiente inmejorable. La comunidad parroquial volvió así a demostrar que, más allá de la fecha exacta en el calendario, lo importante es mantener viva la tradición y compartir momentos juntos.



