4-2-2024. Domingo 5º Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 1, 29-39)

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:
«Todo el mundo te busca».
Él les responde:
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido»
Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Comentario:

Queridos hermanos y amigos en el Señor:

1. ¿El paciente Job?

Hemos escuchado, en primer lugar, un fragmento del libro de Job. A veces se habla del «paciente Job”, pero en realidad el personaje que nos presenta el libro del AT no coincide demasiado con lo que nosotros solemos entender por «paciencia». Más bien Job es EL HOMBRE QUE NO SE RESIGNA, que protesta, que incluso quiere pedir cuentas a Dios. Y en el mismo libro salen otros personajes que se presentan como los buenos y defensores de Dios, que cargan las culpas en Job, que quieren que tenga paciencia y calle, pero que no son aprobados por Dios. «No me conocéis» les dice Dios.

Curiosamente, siglos después, en nuestro tiempo, el diálogo podría ser muy semejante. Está el hombre que sufre, que «se consume sin esperanza, a quien le parece – como a Job- que su vida es baldía, sin sentido. Y están también los hombres que se creen conocedores de la voluntad de Dios y se escandalizan ante la protesta del hombre que sufre, al que le recomiendan paciencia y resignación, como si ésta fuera la voluntad de Dios. Parecen creer que es orden de Dios el que haya ricos a quienes les sobra y pobres que pasan necesidad; poderosos que imponen eso que llaman «orden» y una multitud de gentes que siempre dependen de la voluntad de los de arriba para tener trabajo, para encontrar piso o para poder hablar. Unos que, si están enfermos o quieren dar estudios a sus hijos o quieren descansar, hallan los caminos abiertos para escoger médicos, colegios, universidades o viajes; mientras otros -con las mismas necesidades- hallan las puertas cerradas o han de aceptar aquello que se les da ¡y agradecerlo!

En conclusión:

1. Job no entiende que su enfermedad y desgracias puedan ser voluntad de Dios.

2. Job no puede admitir que su enfermedad y desgracias sean consecuencia de su pecado o de su hacer, como le acusan Satán, su esposa y sus amigos.

3. Job, a pesar de su dolor y su desesperación, a pesar de que llega a maldecir su nacimiento, al final, no reniega de Dios ni duda de su justicia, como esperaban que hiciera tanto Satán como su mujer y sus amigos.

4. El problema del dolor no se puede resolver con teorías. Hay que experimentar el dolor de Job para entender su sufrimiento.

5. Quejarse por los sufrimientos es perfecta y plenamente humano (si es posible, pase de mí este cáliz… Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?). Aprender a esperar contra toda esperanza es perfectamente cristiano.

2. Jesucristo predica y cura. Cura los cuerpos y las almas. Ora.

El evangelio de hoy nos cuenta lo que hace Jesús en un día de sábado y está compuesto por tres escenas:

2.1. En la casa de Simón y Andrés es donde Jesús cura a la suegra de Pedro a instancia de los discípulos. Y después se puso a servirlos. Toda” curación” en la comunidad es para el servicio.

2.2. El sábado por la noche, al comenzar la semana, en la puerta de la ciudad se agolpa la gente llevando a todos los enfermos y poseídos para que los cure. La salvación es universal.

2.3. En la madrugada del domingo cuando Jesús estaba orando solo en un descampado; Pedro y otros discípulos buscaban a Jesús, encontrándolo, le informaron del interés de la gente por él.

“¿Por qué te quiero, Andrés? Por el interés”. La gente le busca por sus curaciones, pero Jesús les deja claro que lo importante es su enseñanza, el anuncio de la llegada del Reino y por eso debe marchar a otras ciudades a seguir predicándolo.

La gente da más importancia a las curaciones de Jesús que a su predicación; el Reino de Dios y su exigencia de cambiar de vida, interesan poco o nada a la gente, frente a la propia salud o bienestar. ¿No nos ocurre a nosotros lo mismo? ¿No buscamos a Dios para que nos resuelva nuestros propios problemas o a San Antonio para que nos encuentre algo que se nos ha perdido, o a San Pancracio para que nos vaya bien el negocio, o a la Virgen de mi pueblo para …, en vez de entregarnos al cumplimiento de su voluntad?

Por supuesto que a Dios podemos pedirle lo que de verdad necesitemos: salud, pan, paz…; pero una cosa es reconocer ante Dios que somos limitados y que necesitamos su ayuda y otra convertirlo en la solución mágica de nuestros problemas.

En la plegaria eucarística V/C, decimos que Jesucristo «anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo«. Y si sabemos leer el evangelio, veremos que esta salvación, esta liberación, este consuelo, Jesucristo no lo reduce al espíritu, al «alma», sino que Él lo quiere para todo hombre y para todos los hombres.

Jesús no dice a la suegra de Pedro: «resígnate y quédate con tu enfermedad«. ¡No! Jesús le da la mano y la levanta. Es el sentido de todas las curaciones que hallamos en el evangelio. Jesús, porque ama, libera del mal, de cualquier mal. Y quizá ningún evangelio como el de Marcos acentúa tanto esta unidad en la acción de Jesús. Él comunica el bien y libera del mal, lo combate, sin poner fronteras a su acción. Es lo que significa la constante unión que hallamos en el evangelio de Marcos entre «curar muchos enfermos» y «expulsar muchos demonios«.

En resumen, podemos decir que Jesús NO DEJA EL MUNDO TAL Y COMO ESTÁ. Lo quiere cambiar. Y no se limita al espíritu, sino que actúa en todo el hombre. Porque Jesús ama a las personas, hombres y mujeres concretos: comoa la suegra de Pedro, como hemos visto en el evangelio.

Y este es el ejemplo y el camino que nos deja. La voluntad de Dios no es que el mundo siga como está, y que cada uno se resigne pasivamente. La voluntad de Dios que Jesús nos manifiesta es que crezca el bien, todo el bien, del cuerpo y del espíritu.  La voluntad de Dios es que luchemos contra el mal, contra todo mal.

Jesús QUIERE COMUNICAR SU FE EN LA ACCIÓN QUE HAY QUE REALIZAR. Quiere convencer a otros hombres. Cambió más el mundo con su palabra convenciendo a otros que con sus curaciones. Prefirió dar una caña que no un pez. Por eso se fue a otras ciudades a predicar.

3. ¿Cómo vive y realiza la Iglesia esta doble tarea de anunciar y curar hoy?

Lo mismo que hemos leído, en la 2ª lectura, en el testimonio apasionado de S. PABLO: «Hago todo esto por el Evangelio» y «ay de mí si no anuncio el Evangelio!«. La iglesia sigue hoy anunciando y curando a muchos enfermos de mente y del cuerpo.

Son muchas las acciones de la iglesia hoy que nos siguen diciendo que los cristianos anuncian y curan.

Son muchas las obras y proyectos realizados por “Cáritas”. Son muchos los proyectos de Manos Unidas que a lo largo de estos 65 años van llevando por todo el ancho mundo.

Todas las órdenes y congregaciones religiosas tienen sus ONGs o modos de llevar a cabo proyectos de desarrollo en educación para liberar de los malos espíritus; proyectos de evangelización, de dispensarios para curar las enfermedades del cuerpo y del alma.

También en las iglesias de nuestra ciudad existe “Cáritas” parroquial, diocesana y nacional llevando muchos proyectos de desarrollo humano y espiritual. En todas las iglesias de España el primer domingo de mes se hace la colecta para Cáritas. Cáritas Salamanca está celebrando el 60 aniversario y sería bueno que conociéramos los distintos proyectos que tiene: Casa P. Damián (albergue para dormir), Casa Samuel (enfermos de sida). Espacio abierto para comer. Ranquines centro de día para enfermos mentales. Centro de atención a las adicciones de la droga. Atención a emigrantes, atención primaria, etc. A veces, creo, que nos hace más falta retirarnos al descampado como Jesús para orar con Dios Padre, y seguir anunciándolo a Él y no a nosotros mismos que hacer muchas cosas…

Hoy me pregunto:

  • 1. ¿Para qué quiero a Dios en mi vida? ¿Qué hago con Él?
  • 2. Después de ser curado por Jesús, ¿cómo sirvo a la comunidad?
  • 3. ¿Por qué y cómo evangelizo? ¿Qué busco en mi evangelización?
  • 4. ¿Me retiro, con frecuencia, a un lugar para orar?         
  • Una idea: Jesús nos cura en cuerpo y alma.
  • Una imagen: Jesús cura a la suegra de Pedro y a todos los enfermos.
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