08-12-2023. Solemnidad del Bautismo del Señor – Ciclo A (Mateo 3, 13 – 17)

Comentario:

Queridos hermanos y amigos en el Señor:

            Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Tenemos que enmarcarla dentro de las fiestas de Navidad y de la Epifanía o fiesta popular de los Reyes.

  1. La manifestación de Dios al mundo ENTERO.

            Con las fiestas de la NAVIDAD celebramos la MANIFESTACIÓN DE DIOS AL MUNDO ENTERO, es decir, el mundo judío y pagano. Con esta fiesta celebramos que la SALVACIÓN ES UNIVERSAL, para todos los hombres. Así nos lo remarcan las tres lecturas del día de hoy.  En la primera nos presenta a Jesús como “Luz de las naciones”. La segunda lectura nos narra el discurso que hace Pedro en el Bautismo del centurión Cornelio y nos dice que: “Dios no hace distinciones, acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”. Está abierto a todos, incluso a un centurión Romano.

  • La presentación de Jesús por el PADRE como HIJO DE DIOS, ungido por el Espíritu Santo.

            Hoy, la fiesta del Bautismo de Jesús, podemos decir que es la fiesta de la PRESENTACIÓN DE JESÚS EN SOCIEDAD. Es la teofanía, revelación del Dios trinitario: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

            A los 40 días ya fue presentado por sus padres en el Templo, donde sólo fue reconocido por dos ancianos: Simeón y Ana. Esa fue una presentación ritual, empapada de humildad y ternura. Ahora, a los 30 años, en el comienzo de su vida pública, fue presentado por su Padre solemnemente, en medio de un río. Mientras Jesús oraba, se abrió el Cielo, bajó el Espíritu Santo en forma de Paloma y se oyó una voz misteriosa: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Así lo presentará más tarde Juan en el Jordán: “He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

         2.1. La misión de este Siervo-Hijo: elegido, preferido, enviado.

            La primera Lectura de Isaías nos ha presentado al Siervo de Yahvé, como ELEGIDO, PREFERIDO, ENVIADO para llevar a cabo una misión salvadora, no sólo en Israel sino, en todos los pueblos. Destacando que este siervo tiene el Espíritu del Señor: “sobre Él he puesto mí Espíritu”. Lleno de este Espíritu, implantará el derecho en la tierra, abrirá los ojos de los ciegos, sacará a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”. Esta misma definición se la aplica Jesús a sí mismo en la sinagoga de Cafarnaúm (Lc 4,16-20).

3. Jesús Pasó “haciendo el bien”.

            Esta es la experiencia que debe movernos a nosotros, cristianos del s. XXI. Dice K. Rahner, que “el cristiano del futuro o será un místico o no será cristiano”. Es decir: o partimos de una experiencia de sentirnos como Jesús en el Jordán, Hijos queridos y amados por Dios, o no seremos cristianos. Sin esta experiencia seremos cristianos sólo de nombre, pero nuestra vida no tendrá sentido, ni haremos nada por los demás, ni por nosotros mismos. Habremos sido bautizados sólo con agua, pero no con Espíritu, que es lo característico del cristiano. El espíritu es quien nos da vida, fortaleza en la lucha, ilusión en medio de un mundo apático, esperanza en medio de la desilusión, y desencanto de la sociedad; ánimo en medio de las dificultades, alegría en las tristezas. En definitiva: fuerza para “hacer el bien” en medio del mal y las dificultades de la vida, como hizo Jesús.

            En la catequesis que nos ha contado Pedro sobre el bautismo de Cornelio, nos ha dicho cómo Jesús, “Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo”, tuvo una misión enteramente consagrada al servicio de los demás, curando y liberando; en una palabra, “haciendo el bien”.

            Según las lecturas de este día podemos mirar con cariño nuestro interior para ver cómo vivo yo mi bautismo, mi vida cristiana, mi filiación divina como hijo de Dios y como paso por la vida.

Hoy me pregunto:

  1. ¿Cómo he sido bautizado, con agua que me ha resbalado, o con Espíritu que ha fecundado y da sentido a mi vida: sentimientos, relaciones, trabajo, familia?
  2. ¿Vivo desde el gozo y la alegría de ser cristiano, de sentirme hijo querido, amado y mimado por Dios? O ¿vivo la fe como un código moral lleno de precepto, mandatos y obligaciones que tengo que cumplir?
  3. ¿Mi vida cristiana me lleva a tener una mirada UNIVERSAL hacia todos los hombres y mujeres de este mundo o hago distinciones según clases, profesiones, color, siglas políticas…?
  4. Jesús pasó por la vida, ungido por el Espíritu Santo, haciendo el bien. ¿Qué espíritu me guía? ¿Cómo paso yo por la vida: haciendo el bien o el mal? ¿Cuál es mi actitud?
  5. ¿Cómo me gustaría que me recordaran el día que me muera?
  6. Una imagen: El bautismo de Jesús.
  7. Una idea: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”
  8. Un afecto: La alegría y el gozo de ser Hijo de Dios por el bautismo.
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