25-2-2024. Domingo 2º de Cuaresma – Ciclo B (Marcos 9, 2-10)

Comentario:

Queridos hermanos y amigos en el Señor:

Algunas notas previas:

El evangelio es una teofanía o revelación de Dios.

            El monte es el lugar más cercano entre el cielo y la tierra donde Dios se revela.

La nube es el medio por el que Dios nos habla.

La iniciativa es de Jesús que “tomo consigo” a Pedro, Santiago y Juan.

Pedro siente la tentación de quedarse o refugiarse en el Tabor.

Dios les revela a “Jesús como su Hijo amado. Escuchadlo”.

  1. No alargues tu mano contra el muchacho ni le hagas nada.

La primera lectura de este segundo domingo de Cuaresma nos presenta la figura de Abrahán, con quien Dios establece una alianza, tanto con él como con sus descendientes. En un primer momento, el relato que hemos escuchado nos puede sorprender e, incluso, incomodar, porque nos muestra el rostro de Dios que prueba cruelmente a su siervo Abrahán. Pero no es así. Debemos entender que Dios, cuando se revela, se adapta al momento cultural y social de las personas a las cuales se dirige. Así, en un contexto cultural donde los pueblos vecinos de Israel ofrecían sacrificios humanos, habitualmente de niños, para contentar a sus dioses, Dios ofrece a Abrahán y a sus descendientes un camino alternativo: el sacrificio de animales como rescate de los humanos. Podemos, pues, leer este relato desde el punto de vista de la pedagogía con que Dios acompañaba a su pueblo y le ofrece siempre caminos alternativos de dignidad y de vida. San Pablo, en la segunda lectura, aplica el relato del sacrificio de Isaac a Jesús como signo del amor incondicional de Dios hacia nosotros. Así, si el sacrificio de Isaac fue detenido y no se llevó a cabo, el sacrificio de Jesús no se detuvo y él acabó dando la vida en la cruz. Para san Pablo, la muerte del Hijo de Dios en la cruz es el signo del amor irrevocable de Dios para con el nuevo pueblo que surgió de este sacrificio y que se convierte en sacramento en cada Eucaristía que celebramos.

El sacrificio de Isaac puede representar todas esas cosas a las que Dios puede pedir que renunciemos para estar más cerca de él. En este sentido, nos podemos preguntar: ¿Y cuál es nuestro Isaac, al que deberíamos renunciar? La Cuaresma se presenta como un tiempo de penitencia, de sacrificio y de renuncia; estas dos lecturas nos hacen ver la importancia de que las renuncias sean expresión de una conversión que humaniza y nos libera de nuestras esclavitudes o adicciones y no de un sacrificio que degrada nuestra dignidad. Así, las mejores renuncias que podemos hacer son esas que nos hacen más humanos, compasivos y solidarios hacia los hermanos que tenemos cerca.

  1. Vamos a hacer tres tiendas.

En el evangelio vemos que la transfiguración de Jesús en el monte responde a la gran pregunta que todo creyente se debe plantear a lo largo de su vida: ¿Quién es Jesús? Antes de subir al monte, Jesús ha anunciado a sus discípulos por primera vez su muerte y resurrección y se ha topado con el rechazo por parte de Pedro, representante de los discípulos, que no acepta ese camino; Jesús lo interpreta como una nueva tentación: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!». Ahora, en la cima de un monte alto, Jesús se transfigura delante de Pedro, Juan y Santiago con los vestidos de un deslumbrante blanco que supera cualquier posibilidad humana, esta transfiguración anticipa el destino de gloria que vendrá después de la muerte en la cruz. Además, la presencia de Elías y Moisés indican la referencia a las Escrituras que permiten interpretar correctamente el camino que Jesús iniciará después de bajar de la montaña. Pedro no lo entenderá así y propondrá a Jesús de hacer tres tiendas para mantenerse siempre en esta situación, demostrando así que ni entiende ni acepta el plan salvífico que se ha de hacer realidad en Jesús. También nosotros, en este tiempo de conversión que es la Cuaresma, nos podemos preguntar cuántas veces buscamos en la fe un bienestar espiritual, una seguridad ante los problemas que la vida nos depara, una evasión de la realidad. Hoy, la actitud de Jesús nos demuestra que este no es el camino que debemos seguir. La fe no es un narcótico, ni un refugio, ni una evasión. Esta experiencia de Transfiguración es la manifestación o anticipo de que la vida no termina con la muerte sino en la resurrección. De que todo esfuerzo, trabajo y sacrificio tendrá su recompensa.

  1. Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo.

El Padre responde a Pedro, desde una nube que los cubre, mirando a Jesús: «Este es mi Hijo, el amado»; son prácticamente las mismas palabras que se dijeron desde el cielo abierto el día del bautismo de Jesús. Pero aquí se añade una palabra importante: «Escuchadlo». Nos podemos preguntar a qué se refiere este escuchadlo. ¿A todo el Evangelio que predica Jesús? ¿Quizás al anuncio de la pasión que él ha anunciado a sus discípulos y que estos no quieren aceptar? Finalmente, nosotros también debemos aprender a escuchar la Palabra que Dios nos comunica. Primero, escuchándola con atención cuando la leemos en la Biblia, personalmente o en comunidad, que nos revela la identidad de Jesús como Hijo de Dios y hermano nuestro. Pero también la palabra que resuena en la vida de las personas que nos rodean; como nos dice el Concilio Vaticano II en la Constitución pastoral de la Iglesia en el mundo contemporáneo: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» (GS 1). ¡Ojalá que en este tiempo de Cuaresma el Señor nos encuentre dispuestos a escucharlo cuando nos habla con su Palabra y en la vida de nuestros hermanos!

Hoy me pregunto:

  1. ¿Cuáles son mis hijos únicos? ¿Qué “hijo único” me cuesta más ofrecer al Señor?
  1. Ante las dificultades: ¿me refugio en la fe y prácticas religiosas o me espolea y motiva para afrontar y luchar en la vida?
  1. Este es mi Hijo amado, escuchadle”. ¿Escucho a Jesús en las alegrías y en las penas de mi vida, cuando me exige y cuando me consuela y conforta? ¿Cómo es mi oración? ¿Leo la Palabra de Dios? ¿Escucho a mis hermanos los hombres y mujeres que me rodean?
  1. Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? ¿Cómo es mi esperanza ante las dificultades de la vida?

            Una idea: después de la muerte viene la resurrección

         Una imagen: la transfiguración de Jesús en el Tabor

         Un afecto: la seguridad de sentir que Dios está conmigo

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