
16 enero. Domingo 2º Tiempo Ordinario – Ciclo C (Juan 2, 1 – 11)
Comentario
Acabamos de celebrar la Navidad en la que Dios se ha manifestado al pueblo judío haciéndose hombre en su hijo Jesucristo, en la Epifanía manifestándose a todos los pueblos paganos y, en el Bautismo de Jesús, hemos visto que, la Salvación que nos trajo es universal: “Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea” (Hch 10,34)
Hoy el evangelio de Juan nos narra el primer signo, milagro en el resto de los evangelios: “Las bodas de Caná” manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él”.
1. “La alegría que encontrará el esposo con su esposa, la encontrará tu Dios contigo”
Las lecturas de hoy nos hablan de la relación de amor entre Dios y su pueblo Israel, símbolo de la relación de Dios con cada uno de nosotros. “Ya no te llamarán “abandonada”, ni a tu tierra “devastada”; a ti te llamarán mi “favorita” y a tu tierra “desposada”.
La gran revelación o manifestación de Dios es que está locamente enamorado del hombre. Decía Jorge de Monte Mayor: “Algo importante es el hombre, cuando Dios decide hacerse hombre”.
La mejor imagen para demostrarnos esta verdad, es la del matrimonio. En ella se manifiesta la experiencia del amor, la alegría, la felicidad a la que todo el mundo aspiramos.
Por ello, la mejor manera de hablar del Amor que Dios tiene a la humanidad, y que nos tiene a cada uno en particular, es mediante la imagen de bodas.
Todo hombre es imagen de Dios, sobre todo cuando ama. Cuanto más grande sea el amor, más fuerte es la semejanza.
El amor apasionado de los novios, de los esposos, pone de relieve el apasionamiento del amor de Dios con cada uno de nosotros.
Dios quiere casarse con nosotros. Dios nos ama a cada uno como un enamorado, nos mira con un cariño enorme, capaz de la mayor generosidad y de la mayor entrega.
No acabamos de entender y de aceptar las palabras del profeta: “Como un joven se casa con su novia así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa la encontrará tu Dios contigo” (Os 3, 1; Sof 3, 17). Dios mismo nos declara su amor. A cada momento Dios te está preguntando: ¿quieres casarte conmigo? Es verdad que no tienes belleza ni méritos, pero Él te quiere así, y Él te embellecerá y te adornará con sus mejores joyas.
En el amor no caben razonamientos. “El corazón tienen razones que la cabeza no entiende” (Pascal). No podemos entender con nuestra pequeña cabeza, la locura de amor que Dios nos tiene.
Hay un refrán que dice: “Hay ojos que se enamoran de legañas”. Pues en este caso se cumple, porque Dios se ha enamorado de ti y de mí que somos pequeños, pecadores, limitados, pero creados a su imagen y semejanza.
2. María: “Haced lo que Él os diga”.
No podemos dejar de lado la intervención de María en este acontecimiento tan importante para los novios que no tienen nombre, para que cada pareja pueda poner el suyo.
María está invitada pero no pierde detalle, es observadora y se da cuenta del apuro que están pasado estos anfitriones al quedarse sin vino en el banquete.
También, hoy día, hay muchos novios y familias a los que les falta el vino de la alegría, de la seguridad, del trabajo. Hay muchos emigrantes que les falta la estabilidad de su familia, las raíces de su cultura, de su pueblo, amigos, etc.
María conoce, como toda madre, a su Hijo. Como te conoce a ti y a mí. Por ello confía en que lo que le pida a su Hijo no se lo va a negar, aunque, a primera vista, parece que se lo niega, pero está tan segura que les dice a los sirvientes: “haced lo que el os diga”.
Hoy María, nos lo dice a cada uno de nosotros cristianos del siglo XXI. “Haced lo que mi hijo os diga”. La pregunta es si escuchamos y obedecemos el mandato o las sugerencias que Jesús nos hace a través de su Evangelio, eucaristía, situaciones familiares, sociales, trabajo, circunstancias personales, etc.
Como hemos escuchado en la 2º lectura, hay diversidad de dones, servicios y funciones, pero un mismo Espíritu que obra todo en todos. “En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”.
Jesús nos invita a trabajar en el anuncio del evangelio y por la promoción de la justicia.
3. “Manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él”
Los tres evangelios sinópticos hablan de milagros, y el de San Juan de “signos”, señales de Jesús. El concepto de “signo” es más amplio y llega hasta nuestros días, nos llega a ti y a mí. Los milagros impactan a las personas que los presencian o que son sujeto u objeto de de ellos.
El motivo de este signo, según el evangelio, fue para: “manifestar su gloria y hacer crecer la fe de sus discípulos”. Su mensaje llega hasta hoy.
Hoy me pregunto:
1. ¿Qué “signos” hace Jesús hoy, a través de los sirvientes, que somos nosotros los cristianos, para manifestar su gloria? Sólo una nota. Hoy día, podemos decir que son muchas las instituciones de la Iglesia: Cáritas, congregaciones religiosas, ONG cristianas, son muchos los sirvientes que se dedican a procurarles el vino de la alegría, el pan del sostenimiento, los papeles a los sin papeles para encontrar trabajo, enseñarles el idioma a los inmigrantes, compañía a los que están solos, a las personas mayores, etc.
2. Estos y otros muchos signos que sigue haciendo Jesús hoy día, ¿Manifiestan su gloria y hacen crecer mi fe en Él? Por desgracia, muchas veces, nos pasa como en los telediarios, sólo nos fijamos en las malas noticias de la Iglesia y perdemos de vista la mayoría que son buenas.
3. ¿Pongo nombre a los dones, cualidades o carisma que Dios me ha dado y los pongo al servicio de los demás? Este es el material con el que, poniéndolo en juego, soy feliz y hago felices a los demás.
4. “La alegría que encuentra el esposo con su esposa, la encontrará tu Dios contigo” ¿Lo siento y experimento en mí? ¿Me siento querido, amado y mimado por Dios? Amén.
- Una idea: Dios me revela su amor
- Una imagen: Las bodas de Caná
- Un afecto: La alegría que encuentro con Dios


