23 de enero. Domingo 3º tiempo ordinario – Ciclo C (Lucas 1, 1-4; 4, 14-21)

Comentario

1º ¡Qué carta la de Lucas!

            Lucas comienza su evangelio como si estuviera escribiendo una carta, una carta a Teófilo, que quiere decir “amigo de Dios”. Teófilo es el destinatario, pero no se sabe quién es exactamente. ¿Es una persona concreta o es un nombre ficticio? Ese nombre puede ser el tuyo y el mío, ya que el evangelista quiere comunicarse y dirigirse a todos los lectores posibles. Por lo tanto, va dirigida a nosotros porque somos, y queremos ser “amigos de Dios”, y sabemos que Dios nos ama. Esta carta tiene dos partes: el evangelio de San Lucas y los Hechos de los Apóstoles.

            La carta de Dios a los hombres es JESUCRISTO, cuyos dichos y hechos nos han quedado recogidos en las sagradas escrituras.

            Las cartas de los amigos, las leemos y releemos varias veces para enterarnos bien de sus noticias.

            La carta de Dios a los hombres recogida en las sagradas escrituras, principalmente en los evangelios, nos da noticias y nos habla del amor de Dios; por eso debemos leerla y releerla continuamente, porque la Palabra de Dios es una palabra viva, no muerta. Es un texto que contiene vida y transmite vida.

            Nunca agradeceremos lo suficiente estos escritos. Lucas dice que para escribir esta carta se ha informado minuciosamente, porque quiere que nos fiemos de sus enseñanzas. Esto es el EVANGELIO, LA BUENA NOTICIA.

            Dios nos habla en la Biblia, y el evangelio nos ayuda a conocer a Jesús, si lo leemos con afecto, en el silencio de nuestro corazón, y con la luz del Espíritu que siempre se enciende, si nos dejamos iluminar.

            Para San Jerónimo: “El desconocimiento de las Escrituras es el desconocimiento de Jesucristo”. Si no conocemos la Palabra de Dios, no podemos conocer a Jesús. Por eso los cristianos deberíamos rezar, orar con la Biblia, y dedicar todos los días un rato a su lectura. Si la dedicáramos la mitad del tiempo que dedicamos a la prensa, a la televisión que son noticias de vida perecedera, y lo empleáramos en leer la Sagradas Escrituras que son noticias vivas, por ser movidas por el Espíritu Santo, viviríamos de otra manera, con otra ilusión, sentido y ánimo.

2º “Entró en la sinagoga como era su costumbre”.

            Jesús se reunía los sábados, con los demás fieles judíos en la sinagoga para leer las sagradas escrituras, escuchar su comentario y rezar en común, como ahora lo hacemos los cristianos los domingos para celebrar la eucaristía. En esta ocasión Jesús se ofreció para leer. Y le entregaron el volumen del profeta Isaías que acabamos de escuchar. “Toda la sinagoga tenía los ojos puestos en Él. Estaban dispuestos a escucharle.

3º “El Espíritu del Señor está sobre mí”.

            Jesús anuncia el sentido de su misión. “Anunciar la Buena Noticia a los pobres. A los cautivos la libertad, a los ciegos la vista. Dar la libertad a los oprimidos y anunciar el año de gracia del Señor”.

            Esta Buena Noticia se nos anuncia a nosotros que somos muy pobres, y al no confiar en Dios, vivimos tristes y desanimados.

            Se nos anuncia la liberación de nuestro pecado que nos ata y esclaviza. Se nos anuncia la luz para salir de la ceguera que provoca el egoísmo y la envidia. La liberación de la opresión que provoca la pereza, el orgullo, la lujuria y la soberbia. ¿Me lo creo?

4º Hoy se sigue cumpliendo esta escritura…

            Esto que se cumplió en Jesús de Nazaret se sigue cumpliendo en nosotros, si realmente nos lo creemos, ya que por el bautismo hemos sido ungidos y consagrados por el Espíritu de Dios, y en la “confirmación” se nos ha enviado a ser: TESTIGOS Y MENSAJEROS DE LA BUENA NOTICIA.

            La segunda lectura nos ha hablado de cómo el Cuerpo de Cristo es uno solo, y todos somos sus miembros. Que todos sintamos las alegrías y las esperanzas, las penas y los sufrimientos de los demás como nuestros.

            Lo importante no es que todo el mundo venga a misa, sino que la misa llegue a todo el mundo, y que los cristianos que venimos a misa sepamos dar “razón de nuestras esperanzas”; que al salir a la calle transparentemos la imagen y la presencia de Dios en el Mundo. Que Su Palabra nos interpele de tal manera que quien nos vea, lo note.

Hoy me pregunto:

  1. ¿Qué conocimiento tengo de las Sagradas escrituras, las leo y releo con frecuencia?
  2. Realmente ¿la Palabra de Dios es lámpara para mis pasos? ¿Puedo decir con el salmista: “Tus palabras son Espíritu y vida”?
  3. “Entró en la sinagoga como era su costumbre” ¿Hoy educo, enseño, a mis hijos y nietos a participar de la misa todos los domingos y fiestas, como algo importante en la vida?
  4.  ¿Jesús, es buena noticia para mí? ¿Cómo y en qué lo noto?
  5. ¿Yo soy buena noticia para los que me rodean?  ¿Cómo y de qué manera?
  • Una idea: “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”
  • Una imagen: Jesús en la sinagoga de Nazaret donde se había criado
  • Un afecto: La alegría de participar en la eucaristía.

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