
25-06-2023. Domingo 12 del Tiempo Ordinario – Ciclo A (Mateo 10, 26 – 33)
Comentario:
Queridos hermanos y amigos en el Señor:
Tras el largo periodo de la cuaresma, la pascua y las fiestas de la Santísima Trinidad y el Corpus Christi, volvemos al tiempo ordinario con el segundo discurso de Mateo, sobre la formación de Jesús a sus discípulos.
El comienzo del capítulo 10 de san Mateo narra la elección de los 12 apóstoles, símbolo de las doce tribus de Israel. En esa llamada estamos todos los cristianos representados y la Iglesia, nuevo pueblo de Dios, es la sucesora del pueblo de Israel.
La misión fundamental de los cristianos es anunciar que somos Hijos de Dios y hermanos unos de otros. Esto dicho con palabras y testimoniado con obras: curar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos.
Las lecturas de hoy nos hablan, por un lado, de las dificultades de la misión al anunciar el evangelio y denunciar la injusticia. Pero, por otro lado, y sobre todo, nos invitan a confiar en la gracia de Dios para llevar a cabo la misión: “no temáis”.
- No temáis a los que os rechazan.
- No temáis a los que os persiguen
- No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
- “Libró la vida del pobre en manos del enemigo” (Jer 20,13).
En esta lectura del profeta Jeremías, se mezclan:
- una confesión particular de su vida de persecución por denunciar la suerte de los pobres frente a las autoridades del pueblo;
- la suerte de todos los pobres de Yahvé, perseguidos a causa de su fidelidad a Dios.
Se narra un momento crítico en la vida del profeta, que se lamenta en su soledad, sintiéndose amenazado por las calumnias y los proyectos que amigos y enemigos traman contra él. Los adversarios se muestran hostiles al profeta y a su predicación, quieren acabar con él, se burlan de su predicación y maquinan su destrucción.
En estas circunstancias, Jeremías, en vez de derrumbarse y huir, ora con su confianza puesta en Yahvé: “Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado”. Frente a esa situación de desánimo, desamparo y marginación por parte del profeta, aparece el Señor, defensor del débil y del indefenso. El Señor es descrito como juez implacable de quien ha violado los derechos de los pobres, él es “juez justo que sondea lo íntimo del corazón”.
Ante esa situación el profeta termina con una oración de alabanza: “Cantad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos”.
La misión del profeta es doble: la de anunciar la buena noticia y, la de denunciar la injusticia.
- El anuncio de la buena noticia.
En nuestra sociedad no es fácil vivir como cristiano. No es fácil anunciar la buena noticia de Jesús porque es incómoda, no es atrayente, no vende ser cristiano, no está de moda, no se lleva, no se cotiza. Hace unos años ser cristiano era lo normal, tener un hijo religioso/a era, no solo bien visto, sino que muchos padres lo deseaban y se lo pedían a Dios. Se sentían orgullosos. Hoy todo lo contrario, con frecuencia, los padres intentan disuadir a su hijo de la vocación religiosa.
Hoy, para confesarse creyente y practicante, hay que tener personalidad y valor para que no se rían de uno, no lo insulten y no lo traten con ironía.
Pero si es difícil confesarse cristiano, lo es mucho más actuar como tal: honradez, justicia, no dejarse comprar, no vivir en la mentira continua, vivir desde la apetencia o inapetencia… No es fácil vivir los valores del evangelio, que llegan incluso a “amar a los enemigos”.
La misión del apóstol no basta con la adhesión personal a la palabra de Dios, está llamado a proclamarla en medio del mundo.
En la misión, el apóstol se juega la vida y corre el riesgo del rechazo, de la persecución e incluso de la muerte, por eso Jesús anima a quienes envía en misión diciéndoles: “No tengáis miedo a los hombres”. Esta frase se la repite tres veces. Es la misma que les dice después de la pascua, cuando se aparece Resucitado; y también el ángel en la anunciación, a María.
Hoy, también podemos escuchar esta expresión dirigida a nosotros, frente a tantos miedos que invaden nuestra vida: a que nos agredan físicamente en cualquier parte, miedo a perder el trabajo, miedo a perder la salud, miedo a perder el afecto de los que nos quieren o queremos… ¡Miedo a perder tantas cosas que nos dan seguridad o nos atan!
- La denuncia de injusticia y la opresión.
Ser coherente con nuestra fe es una denuncia continua frente al que vive en contra del evangelio: en la familia, en el trabajo, en las relaciones personales, en el compromiso socio-político.
Los cristianos tenemos que defender, sin miedo y con valentía, de palabra y con obras, nuestra marca de cristianos, católicos, apostólicos y romanos.
Frente a la persecución debemos, como el profeta Jeremías y los apóstoles, confiar en el Señor, que no nos abandona nunca y libra nuestras vidas de la mano de los enemigos. Amén.
Hoy me pregunto:
- ¿En qué nos parecemos al profeta Jeremías y a los apóstoles, que muy pronto comenzaron a ser perseguidos y morir crucificados como el Maestro?
- En mi vida cristiana, ¿anuncio la buena noticia de Jesús y denuncio la injusticia con valentía?


