
04-06-2023. Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo A (Juan 3, 16 – 18)
Comentario:
Queridos hermanos y amigos en el Señor:
La Biblia nos revela, en una palabra, quién es Dios: Dios es amor (1Jn 4,8). Amor personal (porque te ama a ti, como si solo te amase a ti), amor total (sin medida, porque la medida del amor es dar sin medida), amor sacrificado (oblativo, entregado y paciente), amor universal (inclusivo, no excluyente), amor preferencial (se inclina más hacia el débil).
Las lecturas de hoy nos revelan el perfil, el rostro de Dios. La lectura del Éxodo, inmediatamente después del episodio de la adoración al becerro de oro (Ex 32), lo muestra como un Dios «compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia y lealtad» (Ex 34,6), queriendo contrastar la infidelidad del pueblo y la fidelidad de Dios.
Pablo, en la segunda lectura, nos desvela el misterio de un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, mediante el saludo trinitario a la asamblea: «la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con ustedes» (2 Cor 13, 13). Este es uno de los saludos más frecuentes al comenzar la eucaristía.
Finalmente, el evangelio de hoy, tomado de San Juan, es uno de esos textos cumbres de la literatura bíblica que revelan una luz especial: «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo« (Jn 3,16).
Estos serían los versos fundamentales para nuestra fiesta.
1. DIOS NOS HABLA. Él toma la iniciativa.
Los cristianos conocemos a Dios porque él ha querido hablarnos. Si algo hay propiamente cristiano es que nuestra fe no nace del deseo del hombre de llegar hasta Dios, sino de la decisión de Dios de ponerse en contacto con los hombres; su Hijo, «la Palabra hecha carne», es la prueba.
1.1. Habla mediante la Historia
En primer lugar, el Dios de Israel y de Jesús es un Dios inserto en la historia. El antiguo y el nuevo Pueblo de Dios no llegaron a la experiencia de Dios, ni por la religión natural, tendente a divinizar la creación, ni por la filosofía que, a través de las causas segundas, llega a una primera causa: Dios. El Pueblo de Dios tuvo experiencia de Dios por la historia.
Dios había estado intentando ponerse en contacto con la humanidad durante mucho tiempo, mostrándose como un Dios amante de la libertad de los hombres y de los pueblos. Su intento se vio una y otra vez frustrado. Su mensaje fue unas veces desoído y otras, voluntaria o involuntariamente, manipulado. Y así, se le llegó a presentar como un Dios caprichoso y arbitrario, dispuesto a imponer durísimos castigos a los hombres por violar leyes insignificantes, o un Dios cruel que ordenaba pasar a cuchillo a poblaciones enteras, incluidos los ancianos y los niños (Jos 6, 21; 8, 2.22-29).
De ahí que el credo de Israel y el de la Iglesia se definan como credos históricos. Imposible proclamar a este Dios dejando de lado los grandes acontecimientos salvíficos: que «nació de María, la virgen, que padeció bajo Poncio Pilatos, que fue crucificado, muerto y sepultado», etc., son datos históricos puntuales. Dejar de lado la historia, sería desencarnar la fe, privarla de su sacramentalidad histórica. Un Dios desentendido de la historia no sería el Dios de los cristianos.
1.2. La revelación progresiva de Dios
En segundo lugar, en esta historia llena de luces y de sombras, pero guiada por la mano de Yahvé, se va dando un avance; lo que los teólogos han llamado «la revelación progresiva». Cuando éramos niños tuvimos una experiencia de Dios que fue madurando poco a poco hasta hacernos adultos… Se trata de un principio de la pedagogía divina (como la concepción o imagen que tenemos de nuestros padres, no es lo mismo a los 8, 18, 28 que a los 38 años…). El misterio de Dios, uno y trino, es fruto de esta experiencia de revelación progresiva en la historia. Revelación cumbre, expresión de maduración: Dios no es un ser aislado, solitario, desentendido de las realidades temporales. Es un Dios comunitario, familia, sociedad, fraternidad, etc. Por eso, como dijimos al principio, la cumbre de toda la revelación bíblica es ésta: Dios es amor. Y el amor nunca es soledad, aislamiento, sino comunión, cercanía, diálogo, alianza.
2. NO VIENE A JUZGAR
«Porque no envió Dios el Hijo al mundo para que dé sentencia contra el mundo, sino para que el mundo por él se salve«.
Durante mucho tiempo se ha presentado a Dios sobre todo como juez. Y es cierto que en la Biblia hay pasajes en los que se llama o se presenta a Dios como juez (Sal 82, 94, 2). Lo que sucede es que, en lugar de ver en qué sentido o de qué manera Dios realiza esta función, lo que hemos hecho es aplicarle a Dios el modelo de juez que tenemos los hombres o, con más frecuencia, el tipo de juez que interesaba justificar a las clases dominantes. Por eso, se olvidaban frases como la que hoy leemos en la primera lectura: «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad» (Ex 34,6), para poner siempre en primer plano aquellas frases que, hablando de castigo, ayudaban a dominar cualquier tipo de rebeldía, convirtiendo a Dios en motivo de temor y, por tanto, en justificador de los que de tejas abajo se habían apuntado a jueces de sus semejantes. Sobre todo, cuando estos jueces decían que su función procedía del mismísimo Dios. Y es importante constatar que no ha sido una sola, sino muchas las religiones que, a lo largo y ancho del mundo y de la historia, han presentado y siguen presentando así a Dios.
Pues no. El Dios cristiano, el Padre, que se ha manifestado en Jesús de Nazaret, es un Dios que no quiere juzgar, que no amenaza, que no condena.
Para nosotros los cristianos solo hay un camino para conocer a Dios: Jesús de Nazaret. Solo en Él tenemos la garantía de poder conocer a Dios tal y como Dios se ha querido dar a conocer (Jn 1, 18).
3. DIOS ES AMOR EN LA LIBERTAD.
Un Dios que solo es Padre, que solo es vida, que solo es amor, que solo salva. Lo que sucede es que el Padre no impone la salvación que nos envía por medio de Jesús: no la impone, la ofrece. Porque su salvación es efecto de su amor. Y el amor respeta siempre la libertad de la persona humana; no solo la respeta, sino que la busca, la potencia. Y en el uso soberano de esa libertad, el hombre podrá aceptar o rechazar la salvación que el Padre le ofrece.
Ésta es la primera cualidad de Dios que los cristianos debemos tener en cuenta cuando queramos hablar del Padre, de nuestro Dios: Dios es amor. Pero una vez más debemos tener cuidado de no hacer a Dios a nuestra medida: su amor no es como el nuestro, casi siempre mezclado con egoísmo, casi siempre más preocupado por ser correspondido que por alcanzar la felicidad de la persona amada.
3.1. ¡Y QUÉ AMOR!
«Porque así demostró Dios su amor al mundo, llegando a dar a su Hijo único, para que todo el que le preste su adhesión, tenga vida definitiva y ninguno perezca».
Su amor es infinito, sin medida y no espera ser correspondido al modo humano. La calidad del amor que Dios ofrece se pone de manifiesto en la entrega de su Hijo; es un amor que tiene un objetivo, una finalidad clara, la salvación del mundo, de los hombres. Y una salvación que no es solo una promesa para la vida futura, sino una posibilidad para ésta: es la posibilidad de llegar a ser hijos de Dios, la posibilidad de convertir este mundo en un mundo de hermanos. Es el amor del Padre, que, por amor, da la vida y que quiere que sus hijos sean muchos y se le parezcan practicando el amor fraterno. Así es como Dios quiere que le correspondamos. Ese es el Dios cristiano. El que «demostró […] su amor al mundo, llegando a dar a su Hijo único […] para que el mundo se salve por Él». Ésta es la imagen que nos dio de Él Jesús de Nazaret. Y todas las que de Dios se hayan podido presentar antes o después de Él, o están de acuerdo con esta imagen o son, desde el punto de vista cristiano, total o parcialmente falsas.
4. DIOS ES DIÁLOGO, ES COMUNIDAD.
La máxima revelación de Dios que llega al Dios trino = amor manifestado en el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es un Dios en relación, en continuo diálogo, comunicación entre las tres personas divinas.
Nosotros hacemos pocas cosas solos. Dios desde la creación se dijo: no conviene que el hombre esté solo y creó a la mujer. Nosotros no nos divertimos, estudiamos, trabajamos solos, sino con y por los demás; y la fe, ¿la vivimos solos o en comunidad?
Hoy me pregunto:
- ¿Cómo es mi comunicación con Dios y con los demás?
- ¿Qué imagen tengo de Dios?
- ¿Qué imagen tengo de Jesús?
- ¿Qué imagen tengo del Espíritu Santo?


