
16-10-22. Domingo 29 Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 18, 1-8)
Comentario: LA ORACIÓN ¡A DIOS ROGANGO Y CON EL MAZO DANDO!
“Contemplativos en la acción”
Frase acuñada por el P. Nadal, atribuida a San Ignacio y que en la compañía de Jesús es muy utilizada, comentada, y expresa muy bien la espiritualidad Ignaciana y de los Jesuitas.
Queridos hermanos y amigos en el Señor:
Contexto:
¿Qué significa orar? ¿Debemos pedir a Dios lo que Él ya sabe? ¿Debemos rezar siempre desde el clamor de nuestras necesidades, como los diez leprosos o como la viuda de hoy que pide justicia? ¿O bien la oración ha de ser la confesión profunda de nuestra fe?
Desde nuestro pragmatismo moderno, nos podemos preguntar: ¿Es eficaz nuestra oración? ¿Sirve para algo? ¿Alguien escucha nuestras oraciones o es que no sabemos pedir porque nadie nos hace caso, o porque muchas veces nuestras peticiones no son más que la expresión encubierta de nuestros egoísmos? Sucede que, si los padres no dan todo lo que les piden sus hijos, éstos dejan de hablarles o rompen las relaciones con ellos.
Para San Ignacio: “Orar: es hablar con Dios, como un amigo habla con otro amigo”.
Para Santa Teresa: “Orar es tratar de amistad, muchas veces a solas, con Aquel que sabemos que nos ama”.
INTRODUCCIÓN:
Lucas es el evangelista de la oración. Es el que más veces nos presenta a Jesús orando y nos enseña sobre cómo debemos orar. El domingo pasado nos invitaba a orar con gratitud. Hoy nos propone la parábola de la viuda insistente, para enseñarnos la perseverancia en la oración. (Recomiendo que se lea lo que el catecismo dice sobre la oración, sobre todo en los números 2734-2745).
Lucas para enseñarnos la importancia de la oración y sus consecuencias nos presenta esta parábola con dos personajes:
Una viuda pobre: (Para la Biblia signo de la indefensión), inflexible a la frustración y al desánimo, no abandona el combate.
Un juez corrupto: sin conciencia ni ética profesional, que al final se ve obligado, contra su voluntad, a hacer justicia. Escenas de la calle en los días de Jesús, … y en los nuestros.
Características de la Oración:
La oración tiene mucho de paralelismo con la relación que tienen los hijos con los padres, o la relación de amistad entre las personas.
- Sin comunicación entre padres e hijos no existe la familia. Sin comunicación entre amigos, novios, esposos, familia, se pierde la amistad y el cariño. Necesitamos comunicarnos con nuestros padres y con Dios, como el respirar para no morir.
1. La Oración sostiene y purifica nuestra acción: Él es el Padre y dueño del Reino.
MIENTRAS MOISÉS ORABA, VENCÍA ISRAEL.
En la 1ª Lectura vemos el ejemplo de Moisés que es muy expresivo.
En la batalla contra los enemigos, Moisés oraba a Dios pidiéndole su ayuda. Mientras él mantenía los brazos elevados, los israelitas llevaban las de ganar. Si él aflojaba en su oración, sucedía al revés. No es un gesto mágico. Es un símbolo de que la historia de este pueblo no se puede entender sin la ayuda de Dios. La oración de Moisés sostiene la acción y el trabajo de Josué. La oración de nuestros mayores y de tantos conventos de clausura, sostiene la acción de los cristianos de vida activa, especialmente hoy, la de tantos misioneros que están repartidos por todo el mundo en situaciones muy difíciles, humanas y espirituales.
No nos resulta muy espontánea esta convicción, porque el hombre de hoy aprecia la eficacia, los medios técnicos, el ingenio y el trabajo humano, y no parece necesitar de Dios para ir construyendo su mundo. Pero Jesús nos avisó que, el que no edifica sobre la roca de Dios, está edificando en falso. Y nos dijo: “sin mí no podéis hacer nada”.
El salmo nos invita a remotivar nuestras seguridades: “levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”. Orar es reconocer la grandeza de Dios y nuestra debilidad, y orientar la vida y el trabajo según Dios.
Tenemos que reconocer que necesitamos de nuestros padres, precisamente porque son nuestros padres.
La oración purifica nuestra acción. Ya podemos tener una fe que mueva montañas, y entregar todo nuestro dinero a los pobres que, si no lo hacemos por amor, de nada nos sirve (1Cor 13,1…). La acción apostólica necesita ser purificada, como la sangre que circula por nuestro cuerpo, debe pasar por los pulmones para ser purificada, porque poco a poco se va envenenando; así ocurre con nuestras acciones, se nos van pegando y adhiriendo hábitos, costumbres, rutinas, normas poco evangélicas que deben ser purificadas.
- La oración ha de ser constante: siempre, cuando me apetece y cuando no me apetece, como el comer. Hay que hacerlo, incluso sin ganas ni apetito para no desfallecer.
ORAR SIEMPRE SIN DESANIMARSE
En el evangelio, Jesús, nos enseña la importancia de la oración en nuestra vida. En su parábola, el juez, no tiene más remedio que conceder a la buena mujer la justicia que reivindicaba. No se trata de comparar a Dios con aquel juez, que Jesús describe como corrupto e impío, sino nuestra conducta con la de la viuda, con una oración también de petición y perseverante.
Orar, no significa tratar de convencer a Dios, sino de motivar nuestra visión de la historia y entrar en comunión con él. Dios quiere nuestro bien, y el del mundo, más que nosotros mismos. Eso sí, lo quiere, seguramente, con mayor profundidad. La oración nos ayuda a sintonizar con su «longitud de onda» de Él, y desde ese mismo momento, ya es eficaz.
Nos hace -«pronunciar»- ante Dios nuestro deseo y nuestra disconformidad con los males de este mundo, reconociendo nuestra debilidad. Nos ayuda a no ser autosuficientes y a mantener ante Dios, y en consecuencia ante los demás, una postura de humildad y confianza. Y eso sin cansarnos, aunque nos parezca que no nos escucha, respetando sus tiempos y ritmos.
Cuando un hijo pide a sus padres alguna cosa, estos siempre intentan darle “todo” y lo “mejor” que pueden, pero “no siempre se lo dan”, por su bien, porque no le conviene. Por razones que a veces los hijos no entienden pero que con el tiempo… Lo mismo nos pasa con Dios, no siempre nos concede lo que le pedimos, …. por lo que sea, pero nunca porque no nos ame o se olvide de nosotros.
- La oración ha de ser activa: La acción alimenta a la oración.
¡A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO!
NO ES UNA INVITACIÓN A LA PEREZA
Ahora bien, la oración de petición no significa dejarlo todo en las manos de Dios. Moisés, aunque hoy aparezca orando con los brazos elevados, no es ciertamente una persona sospechosa de pereza y alienación. Él era el gran líder, y activo conductor del pueblo: pero daba a la oración una importancia decisiva en su vida. Mientras Él oraba, su sobrino Josué, batallaba, trabajaba, luchaba contra el enemigo.
Tampoco, Jesús, nos invita a la pereza; en otra ocasión nos dirá, con la parábola de los talentos, cómo hemos de trabajar para hacer fructificar los dones de Dios para bien de todos.
No podemos dedicarnos a orar y olvidar de batallar. La verdadera oración nos lleva a la acción. Como diría San Ignacio hablando de los Jesuitas: debemos ser: “Contemplativos en la acción”.
La acción ha de ser alimento de la oración. Nuestro trabajo, apostolado, preocupaciones y ocupaciones, hemos de llevarlas a la oración y presentárselas al Señor con sencillez, humildad y confianza.
Con nuestros padres necesitamos comunicarnos y “hacer” algo por ellos y con ellos.
Las lecturas de hoy lo que quieren recordarnos, es que la actitud de un cristiano debe ser claramente de apertura a Dios, y no de confianza en sus propias fuerzas. Cuando en la Oración Universal de la misa pedimos, por ejemplo, por la paz, no le estamos diciendo a Dios algo que no sepa o que tenga que hacer él. Expresamos en su presencia, estas urgencias de la humanidad y con ello nos comprometemos a trabajar nosotros mismos en lo que le pedimos a Dios y según el estilo de Dios.
1.4. La oración ha de ser con fe: Cuando le pido algo a Dios, ¿se lo pido con fe?
Cuando le pido algo a mis padres, ¿se lo pido convencido o por pedir?
¿ENCONTRARÁ ESTA FE EN LA TIERRA?
Jesús acaba su parábola con una pregunta desconcertante: «cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?«. Tal como va nuestra vida de fe, en un mundo cada vez más encerrado en su propia visión de las cosas, hay exigencias en el evangelio que sin fe y oración difícilmente seremos capaces de asumir. Tenemos que purificar nuestras intenciones y crecer en una actitud de humilde confianza: la actitud de los que saben «orar su vida» ante Dios.
Para terminar, lo mismo que a andar se aprende andando, a orar se aprende orando. Y que la vitalidad de nuestra vida humana y espiritual dependerá de nuestra vida de oración. Necesitamos orar como el respirar. Si se nos olvida respirar, morimos.
La vida de oración se manifiesta en las conversaciones, el servicio y la alegría.
Hoy me pregunto:
- ¿Qué importancia doy a la oración? ¿Cómo y cuándo oro? ¿La preparo, busco tiempos y espacios para orar como el comer? “No hay deseos sin estructuración de ese deseo”
- ¿Mi oración es constante, activa, con fe?
- ¿Mi oración me lleva a la acción y la purifica?
- ¿Creo en la amistad? ¿Creo en el amor? ¿Creo en Jesús?


