15-01-23. Domingo 2º del Tiempo Ordinario – Ciclo A (Juan 1, 29 – 34)

Comentario:

  • Introducción:

Finalizado el tiempo de Navidad-Epifanía en el que hemos contemplado la irrupción del Dios que se nos da a conocer -un darse a conocer que es al mismo tiempo comunicar vida, libertad, salvación-, comenzamos el curso normal de los domingos que de nuevo interrumpiremos al llegar al tiempo de Cuaresma-Pascua. En este momento inicial del tiempo ordinario, hemos escuchado un evangelio PROGRAMÁTICO de Juan. Programático, es decir, que resume el programa -el sentido- de la misión de Jesucristo. De ahí que puede ser necesario comentar algunas expresiones del evangelio que nos ayudarán a captar la dirección del camino, de quien es para nosotros, Luz y Vida.

  1. “ESTE ES EL CORDERO DE DIOS”.

“Su carne es alimento y su sangre salva de la muerte”

Dice el Bautista definiendo a Jesús: ESTE ES EL CORDERO DE DIOS QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO. Son palabras que repetimos siempre que celebramos la Eucaristía, antes de comulgar, muestra de que la Iglesia les otorga un peculiar valor. Un valor cuyo sentido quizá nosotros no comprendamos bastante. Porque ¿sabemos qué significa esto de «el Cordero de Dios»? y ¿cuál es el sentido de «el pecado del mundo»?

Lo adecuado puede ser, en este sentido, recordar cómo la expresión que utiliza Juan para presentar a Cristo a sus discípulos, es la misma con la que nosotros invocamos a Cristo en el «Gloria», reconociéndolo como Señor, como Dios y como Hijo del Padre; es también como Cordero de Dios al que le dirigimos repetidamente nuestra súplica, en la letanía que acompaña a la fracción del pan eucarístico; y es como Cordero de Dios como se nos presenta a Cristo, cuando se nos invita a acercarnos a la mesa eucarística para recibir su Cuerpo, como verdadero alimento. Así pues, no es una expresión extraña para nosotros.

Debemos tener presente también, las referencias bíblicas que nos acercan a la comprensión del título de Cristo como «Cordero de Dios». Las encontramos en el libro del Éxodo (12,11-13) en el cordero de la Pascua antigua: su carne es alimento y su sangre salva de la muerte.

Es una expresión que corresponde a lo que leímos en la primera lectura: «Tú eres mi siervo… Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra«.

Pero este Salvador de Dios, este Mesías -según la gran esperanza del pueblo judío- escoge un camino no de dominio y poder, sino de servicio. Esto es lo que significa la comparación de llamarlo «cordero». Actualmente es muy posible que la palabra nos suene como sacrificio de quien inclina la cabeza ante los poderosos. La expresión de Juan significa bastante más que esto: significa que Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, realiza su misión como un servidor absolutamente humilde, pobre, sencillo… pero que así consigue la Victoria. No podemos olvidar que, en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, se nos presenta a este Cordero como el gran triunfador.

Es la paradoja de la vida y obra de Jesucristo: sigue un CAMINO DE SERVICIO, como un hombre sin poder, junto a los pobres y despreciados, hasta morir como un criminal entre criminales; y este camino, como dice San Pablo, es locura y escándalo, resulta ser CAMINO DE VIDA, de Victoria. De ahí que siempre, para quienes queremos seguir a Jesucristo escogemos el camino que Él escogió.

  • QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO.

Es la otra expresión que hemos de considerar. No habla del pecado de cada hombre sino del pecado del mundo. Se trata de la REALIDAD DE MAL que hay en el mundo, más allá de lo que cada uno de nosotros hace. Es lo que queremos expresar al hablar de «pecado original»: un niño al nacer no entra en un mundo limpio, sino en un mundo herido por la presencia de mal que, de un modo u otro, le afectará. Ninguno de nosotros se libra de esta herida, todos la sufrimos. Por eso su lucha es contra el pecado del mundo, contra esta presencia poderosa de mal que hay, de hecho, en nuestro mundo. Isaías en la primera lectura, decía que el «Siervo de Dios» sería «LUZ»; porque el pecado del mundo es básicamente oscuridad, tiniebla, negación de verdad. Es trampa, hipocresía, falsedad. En nuestra sociedad podemos destacar la INCREENCIA Y LA INJUSTICIA, que llevan al egoísmo, al desamor. Por eso la lucha de Jesucristo contra el pecado del mundo –la lucha que hemos de continuar nosotros-, es camino de verdad que lleva al amor. Sólo con la verdad, la justicia y el amor se combate eficazmente contra el mal que hay en el mundo.

Creer en DIOS, renunciando a otros dioses: dinero, sexo, fama, … escogiendo siempre la verdad, el amor y luchando por la JUSTICIA es la única manera de ser cristiano. “Es la promoción de la fe y la justicia” de la que hablan los documentos de las últimas Congregaciones Generales de la Compañía de Jesús.

  1. YO LO HE VISTO Y HE DADO TESTIMONIO DE QUE ESTE ES EL HIJO DE DIOS.

La experiencia de Dios es dinámica; si oro con frecuencia, practico los sacramentos y vivo la fe en grupo, la comparto, la alimento, la anuncio, la celebro, Dios se hace presente en mi vida de muchos modos y maneras hasta el punto de poder decir que lo “hemos visto” y seguimos “viéndolo” acompañando nuestra vida.

La pregunta es, sin embargo: ¿cómo seguir este camino? Todos conocemos suficientemente nuestra debilidad, nuestro pecado, y más aún, el peso del pecado del mundo en nosotros, fuerza de gravedad que nos impide avanzar en la verdad y en el amor. La respuesta la hallamos también en el evangelio programático de hoy. Es importante notar cómo el testimonio de Juan sobre Jesús se identifica con decir que en Él habita el ESPÍRITU DE DIOS. No dice: es un hombre sabio, bueno, fuerte… sino simplemente: en Él está el Espíritu de Dios. Y esto -no os sorprendáis- se puede decir también de nosotros: en nosotros está el Espíritu de Dios.

No somos sabios, ni buenos, ni fuertes…, pero por gracia de Dios, en nosotros habita su Espíritu. Somos Templos del Espíritu Santo.

Y es este Espíritu de Dios, -tan olvidado por nosotros- el que HACE POSIBLE seguir el camino de Jesucristo, el camino de la verdad y el amor, el camino de lucha contra el pecado del mundo. Un camino que conduce a la Victoria.

La presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas se manifiesta de estás tres maneras: 1. LA ALEGRIA que sentimos incluso en las dificultades y avatares de la vida. 2. En la capacidad de ENTENDIMIENTO entre las personas de diferentes generaciones, ideologías, culturas, etc. Y, 3. En el SERVICIO a los demás, en sus múltiples formas, siempre gratuito. Amén.

Hoy me pregunto:

  1. ¿Qué experiencias de fe han marcado mi vida? ¿Dónde, cómo y cuándo puedo decir que “he visto” y lo sigo viendo al Señor?
  2. ¿Cómo soy yo “luz de las naciones” en la sociedad actual, en mi familia, colegio, comunidad?
  3. ¿Qué camino escojo para ser “Luz”? ¿El del poder, tráfico de influencias, tener, (como los políticos…) o el del SERVICIO, la entrega, la humildad?
  4. Cómo siento la presencia o dones del Espíritu Santo en mi vida: ¿la alegría, el entendimiento y el servicio?
Etiquetas