25-12-2022. Domingo de Navidad – Ciclo A (Juan 1, 1-18)

Comentario:

Queridos hermanos y amigos en el Señor:

Introducción:

Os invito a hacer los preámbulos que nos dice San Ignacio en esta contemplación:

  1. Situarme con la imaginación ante el portal de Belén, con acatamiento y reverencia, como si presente me hallase.
  2. Pedir:Conocimiento interno de Jesús, que por mí se ha hecho hombre, para más le ame y siga”.

NAVIDAD, IGUAL Y DIFERENTE

Un año más nos reunimos para celebrar la NAVIDAD. Llegamos con la historia vivida a lo largo de este año producida fundamentalmente por los coletazos de la pandemia del covid-19, la guerra en Ucrania; y una crisis económica, social sin precedentes y, en España, llegamos a esta Navidad del 2022 la mayoría vacunados, 4 veces, pero con miedo a poder contagiarnos y con experiencias de ilusión y felicidad, hechos y noticias que nos han ayudado a avanzar en nuestro crecimiento, y otros que nos han hecho retroceder; con momentos difíciles, malas noticias, experiencias de fragilidad y vulnerabilidad de nuestra vida.

Por eso la Navidad, aunque parece la misma, siempre es distinta. Hay la Navidad de los jóvenes y de los mayores; de los que este año se han casado, de los que han sido padres, y de los que han perdido algún ser querido. La Navidad de los que han empezado a trabajar y de los que se han jubilado. De los estudiantes y de los que buscan trabajo, de los enamorados y de los solitarios desanimados. La Navidad de los que les toca la crisis, una subida de la luz y el gas sin precedentes, y una inflación en los precios que va a provocar una crisis económica inesperada.

LA PALABRA SE HACE CARNE Y ACAMPA ENTRE NOSOTROS

¿Qué quiere decir esto? Que Dios se hace hombre como uno de nosotros, que Jesús es la imagen de Dios para el hombre.

Así, la pregunta sobre Dios del hombre de hoy y de todos los tiempos se concreta y se aclara de forma definitiva. La pregunta sobre Dios es la pregunta por Jesús. Ciertamente, estamos hablando de fe y de revelación, algo que sobrepasa la razón y la búsqueda meramente humana, pero que tampoco las descalifica.

La revelación definitiva de Dios,en muchos momentos y de muchas maneras habló Dios a los hombres – la verdadera imagen de Dios es Jesús, la persona de Jesús. Las palabras de Jesús son palabras de Dios, las actitudes de Jesús son actitudes de Dios. Para el cristiano, Jesús es Dios.

Voy a recoger unos cuantos rasgos de Jesús, rasgos de Dios, ya que algo completo exigiría un estudio más detenido de la persona de Jesús, cosa que no cabe aquí y es tarea de más largo alcance.

1) El Dios del Evangelio no es algo indefinido y lejano, sino alguien personal y cercano. Es alguien, una persona. Es Jesús, el hermano que acoge y el padre que perdona, como el de la parábola del hijo pródigo. La respuesta a este Dios hermano y padre, es la fe y la confianza.

2) Dios es amor, dice la Biblia. Un amor que es entrega hasta la muerte por la humanidad. Todo lo que dice y hace Jesús tiene este sentido. Un amor que es respeto a la libertad del hombre y perdón. El perdón es un signo de Dios.

3) El Dios de Jesús es un Dios que salva, que libera. Es el Dios del Éxodo y de los profetas y que se hace presencia viva en la sinagoga de Nazaret cuando se anuncia la llegada del Reino de Dios y la Buena Noticia, porque los pobres y los pequeños son liberados de la esclavitud y de la opresión. Belén se convierte en el lugar privilegiado de encuentro con Dios, y desde ahí, los pobres, marginados, los excluidos de este mundo, son el lugar teológico más provocativo de encuentro con Dios.

4) Un Dios de futuro y de esperanza más que del pasado. Un Dios que, más que «existir», «viene». Nunca atrapado ni por el tiempo ni por el espacio ni por la idea ni por el poder. Siempre novedad y horizonte escatológico: el Otro.

5) Un Dios que se hace hombre que, apuesta por el hombre, encarnado, metido en la historia, que está a nuestro lado y pelea con nosotros contra las fuerzas del mal. Un Dios fiel y presente. Comprometido con el hombre y, muy especialmente, con los pobres y los pequeños. “Algo importante es el hombre cuando Dios decide hacerse hombre” (Jorge de Montemayor). Desde entonces, no podemos entender a Dios sin el hombre, ni al hombre sin Dios.

6) Un Dios débil, que sufre y muere como uno de nosotros, solidario con nuestros dolores. En Belén se nos revela la otra cara de la moneda. No aparece como el Dios de los filósofos ni de la teodicea: eterno, inmutable, todopoderoso. En Belén se nos presenta débil, necesitado, pobre, marginado, pequeño.

Y una cosa hay que tener bien clara en la pregunta o búsqueda de Dios. Jesús es la imagen de Dios, no Juan. Este es solo el precursor, el que pone en la pista de Dios, pero él no es el camino, ni la vida, ni la luz. Tampoco la Iglesia, ni el papa, ni los obispos, ni los curas, ni los cristianos. Todo lo más, son precursores como Juan, o intermediarios, o testigos como el evangelista, que ha contemplado su gloria y lo transmite para que se propague la luz y se extienda la vida.

A Dios nadie lo ha visto jamás. Se nos pone en guardia para que no caigamos en trampas. Sólo Jesús es el verdadero rostro de Dios.

Creer o no creer en Dios, si es de verdad, es algo que marca una vida; pero el tener una idea u otra de Dios también es algo que marca nuestro modo de ser. No es lo mismo creer en un Dios, lejano, autoritario y justiciero que, en un Dios Padre, amor, cercano y misericordioso. No es lo mismo el Dios de Jesús que el de cierta teodicea, y esto repercute en el modo de entender cosas tan decisivas como es la vida, la autoridad, la educación y la comunidad eclesial.

Dice un dicho castellano que: “según te ven, así te tratan”. Pues podemos decir lo mismo de Jesús, según la imagen que tengamos de Él, así actuamos o le tratamos. Me pregunto: ¿cómo veo yo a Jesús? Porque según lo veo, así lo trato. ¿Qué imagen tengo de Dios? Porque así será mi comportamiento.

Esto mismo nos pasa con nuestros padres, jefes, autoridades, etc.

¡Qué importante es que yo tenga buena imagen de mis padres … y de Dios! Esta imagen depende, primero, de su coherencia y, segundo, de mi vista. Esta imagen influirá en mi comportamiento. Por ello debo ajustarla bien, contemplando el evangelio de JESÚS desde la cuna hasta la cruz.

Hoy me pregunto:

  1. ¿Qué imagen tengo yo de Dios?
  2. ¿Quién es, Jesús, para mí? ¿Qué me revela?
  3. ¿Cómo influye la imagen de Dios en mis actitudes?

De la palabra de hoy, recuerda:

  • Una idea: Dios se hace hombre.
  • Una imagen: el niño en Belén.
  • Un afecto: conocer internamente a Jesús.
    Etiquetas