13-11-2022. Domingo 32º Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 21, 5-19

Comentario:

  1. Llegará el día en que no quede piedra sobre piedra”

El gran templo debajo del que estaban cobijadas las esperanzas e ilusiones (fe y religiosidad, moral, ética y valores que nos parecían inamovibles) se tambalea de repente en nuestra tierra. Parece como si el evangelio de este día: llegará el día en que no quede piedra sobre piedra”,viniese ahora a hacerse realidad. Como si de repente, lo que era bueno se tornase en malo, y lo que era pecado, ahora resultase ser virtud.

  • “Cuidado con que nadie os engañe. Ojo con los falsos profetas.

Llegaron entonces, en el Antiguo Testamento y también en tiempos de Jesús, (y siguen haciéndolo ahora), profetas de tercera o de cuarta categoría. Agoreros falsos que nos anuncian un nuevo mundo en contra de lo establecido, en contra de la vida, en contra del amor bien entendido, en contra de la presencia de Dios allá donde muchos la desean, la piden y la quieren para sus hijos. Las piedras fundamentales en las que se basa nuestra sociedad están siendo demolidas y tiradas.

Resulta paradójico, que esta democracia nuestra, que enarbola los derechos más fundamentales de la libre expresión, se cierre en banda para que, por ejemplo, nuestros obispos, libremente también, puedan manifestar sus opiniones a la hora de defender sus posiciones en temas de gran calado social, ético o religioso. Incluso a algún prelado que otro, se le ha llevado ante los tribunales porque, tal vez por sus declaraciones, era susceptible de ser enrejado. “Por mi causa os perseguirán”.

  • Los católicos necesitamos dar testimonio. Trabajar, diría San Pablo.

Hoy más que nunca, los católicos necesitamos salir de la comodidad del templo para predicar con el ejemplo y con el testimonio. No podemos contentarnos con vivir una fe de catacumbas modernas. Hay muchos interesados en que el cristianismo viva atrincherado en los templos, en las sacristías y, como mucho, en el foro interno de cada uno; son las catacumbas modernas que algunos intentan construirnos para que la iglesia ni hable, ni se oiga, ni se la vea, ni se manifieste públicamente.

Para reconocer el señorío de Dios no es preciso encorsetarlo en las cuatro paredes de una iglesia. Porque el momento está cerca, los cristianos hemos de aprender a vivir en medio de contradicciones y de dificultades, a dar el “do de pecho” por la causa de Jesús, a trabajar sin desmayo para que podamos decir, con verdad, que el sueldo de los trabajadores de la mies, nos lo ganamos, tan dignamente como un obrero después de estar en la cadena de producción, un día y otro también, durante ocho horas seguidas.

4. En el fondo nos falta un poco de esperanza:

  • Hace tanto tiempo que el Señor subió a los cielos que, el final de todo parece estar cada día más lejos.
  • Hace tanto tiempo que no vemos signos visibles de su presencia que corremos el riesgo de morirnos arrojando al suelo las lanzas de la vigilancia activa.
  • Hace tanto tiempo que esperamos, que nos hemos aburrido de mirar hacia el cielo esperando divisar rayos y centellas que denoten la inminente llegada de Jesús, que dejamos de esperar.
  • En el fondo estamos también faltos de fortaleza.

Una fe que no es fuerte es muy difícil anunciarla y proponerla a quien la rechaza. La sociedad opulenta, el hombre de hoy, es como un dique en el que choca frente a frente la fe con la duda, la caridad con el individualismo, la fraternidad con el odio; Dios con la ciencia. Estamos en época de persecución de “guante blanco”, como me decía un amigo. Ya no son necesarias las mazmorras; ahora, a la iglesia, se le amordaza en los medios de comunicación social. Ya no son imprescindibles los circos romanos; ahora a la iglesia se le ridiculiza y se le asaetea desde diferentes medios poderosos con lanzas y dardos sangrantes; ahora a la iglesia se le juzga, no con las manos atadas, pero sí desde el tribunal del poder en el que algunos se sienten amos y señores de la verdad, de la ciencia, de la cultura, de la razón, de la ética y del hombre.

Tiempos difíciles, pero, tiempos que merecen la pena ser vividos con fe y esperanza, sabedores en que hemos de ser sal y no salero, luz y no sol, gotas de agua y no océano.

¿Por qué digo esto? Porque en muchas ocasiones la Iglesia, en algunas circunstancias, lo ha tenido tan fácil que olvidamos que la evangelización es un camino de espinas, y no de rosas; un camino de propuestas, y no de imposiciones; un camino de conversión, y no de mera religiosidad; un camino de valentía y no de repliegue. Para ello hay que volver a ser levadura y sal; azúcar y no azucarero; evangelio viviente y no una Biblia cerrada en el cómodo estante de la sala de estar.

Con nuestra perseverancia salvaremos, no los muebles, y sí nuestras almas.

Una historia con moraleja: (Zanahorias, huevos y café)

Una hija se quejaba a su padre de lo que le costaba estudiar y hacer lo que la mandaban… Tenía la impresión de que cuando aprendía la lección… ¡nuevas dificultades aparecían!

Su padre, jefe de cocina, la llevó al restaurante donde trabajaba. Llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego. Pronto el agua estaba hirviendo. En ese momento introdujo unas zanahorias en la primera olla, huevos en la segunda, y en la tercera colocó unos granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. Un rato después apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en un plato. Finalmente coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a la hija le dijo: “¿Qué ves?”:

  • “Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

La pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Después de quitarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Más tarde la pidió que probara el café. Ella disfrutó con su rico aroma. La hija preguntó:

  • “¿Qué significa esto?”.

Él explicó que los tres productos se habían enfrentado a una misma adversidad: “agua hirviendo”, pero habían reaccionado de modo distinto:

  • La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
  • El huevo había llegado frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
  • Los granos de café, después de estar en agua hirviendo, habían transformado el agua cambiando su color y produciendo un agradable aroma.

Hasta aquí la historia. ¿Cómo reaccionamos nosotros frente a las adversidades? ¿Nos reblandecemos, nos endurecemos o cambiamos la realidad?

Todos tenemos dificultades, problemas, pasamos por momentos críticos… ¡podemos llegar a agobiarnos! Y puede que, en esas circunstancias, también saquemos fuerzas de flaqueza para no rendirnos. Las palabras de Jesús invitan a cambiar la realidad. Ante los momentos espinosos, problemas laborales, dificultades económicas, tensiones familiares, muerte de un ser querido… En esos momentos en que no sabemos qué hacer, o a quién acudir, la fe abre una puerta: El consuelo del Señor, la confianza puesta en Él… pueden darnos aquello que en ningún otro lugar podemos encontrar. Su Palabra puede hacerse fuerte en esos momentos: “Yo estoy con vosotros”.

Hoy me pregunto:

  1. ¿Cómo es mi fortaleza ante las dificultades?
  2. . ¿Cómo reacciono yo frente a las adversidades? ¿Me reblandezco, me endurezco o cambio la realidad?
  3. ¿Cómo está mi esperanza ante las persecuciones de guante blanco en nuestra sociedad?
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