Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo C (Juan 16, 12-15)

Comentario:

Queridos hermanos y amigos en el Señor:

Después de la solemnidad de Pentecostés celebramos la fiesta del misterio de la Santísima Trinidad.

0. Un hecho.

            Comenzamos la eucaristía “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Nos saludamos con las palabras del Apóstol San Pablo a los Corintios: La Gracias de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo….

Nos despedimos con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

            Hemos sido bautizados: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Cuando hacemos la señal de la cruz la hacemos en el nombre del Padre y del Hijo y del E.S.

1. ¿Cómo entender este misterio?

            Misterio no significa hecho o realidad imposible de comprender o entender. Misterio, en su sentido bíblico no tiene nada que ver con cosa dificilísima de entender, o con verdad imposible, hasta para los más inteligentes. Tiene que ver con algo secreto, con tesoro escondido. Dios lo revela a los hombres por medio de sus santos apóstoles y profetas, pero fundamentalmente por Jesucristo, pero tan infinita es su grandeza que no la abarcamos.

            Ejemplo, si yo no os digo lo que hay detrás del altar, vosotros no lo sabéis, pero, eso no quiere decir, que, si os lo cuento, sabéis. Jesucristo vino a contarnos o decirnos con hechos que DIOS ES AMOR.

1.1. Por vía intelectual.

            En el catecismo del P. Astete o Ripalda, o en el que estudiamos cuando éramos pequeños, aprendimos que Dios tiene una sola naturaleza, pero tres personas distintas. El P. Hernando, me explicaba este misterio con el ejemplo de la mano que es una, pero tiene tres (cinco) dedos distintos, o con el trébol de tres hojas, o con el triangulo que siendo uno, tiene tres lados o tres ángulos iguales o distintos según sea.

            Con la cabeza podemos decir que Dios es Padre, que Jesús es el Hijo y que después de la ascensión de Jesús a los Cielos, nos envió el E.S.

1.2. Por vía afectiva o de los hechos.

         PADRE: el don de la creación.

            El libro del Deuteronomio, exhorta a sus ciudadanos a reconocer a Dios por vía de los hechos, no por medio de la cabeza o de la teoría, sino de la Historia: ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso… como vuestro Dios hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Lo mejor que podemos hacer los creyentes es reconocer, con la ayuda de Dios, su paso por nuestra vida: cómo nos guía su providencia, cómo nuestra vida está en manos de Dios, y nada nos ocurre sin que Él lo sepa.

            La principal tarea que aplicamos a Dios Padre es la creación del mundo, pero, fundamentalmente el habernos creado a los hombres y mujeres a su imagen y semejanza.

         HIJO: el don de redención.

Jesucristo es enviado no para condenar al mundo sino para salvarlo. “Habéis recibido no un espíritu de esclavitud para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos que nos hace gritar: “¡Abba! (Padre)” Este espíritu da un testimonio concorde de que somos hijos de Dios.

            Jesucristo el Hijo de Dios es el que nos desvela o revela el misterio de Dios-Padre diciéndonos que es AMOR. Esto no con palabras o teorías como nuestros políticos, que cambian de un día para otro, sino con hechos. “Nadie tiene mayor amor que aquel que da la vida por sus amigos”. Jesucristo nos revela con su encarnación la vida íntima de Dios, como dice la Carta a los Hebreos: “De muchos modos y maneras ha hablado Dios al mundo, pero últimamente lo ha hecho por su Hijo Jesucristo”. San Pablo nos lo dice preciosamente en la carta a los Colosenses: “Jesucristo es la imagen del Dios invisible”. Todo lo que Dios ha querido revelarnos, decirnos, manifestarnos a los hombres nos lo ha dicho en Cristo. Por ello, la revelación ha terminado con las últimas palabras del Apocalipsis en la Biblia: “maranathá” (Ven Señor Jesús). Jesús es la mejor fotografía de Dios que nos desvela y revela su misterio de intimidad, misterio de amor.

         Espíritu Santo: santificación. Dones particulares.

         El E.S. nos santifica derramando, como veíamos el domingo pasado, dones particulares sobre cada uno, como son: fortaleza, alegría, ilusión, esperanza, ganas de vivir, paz, ánimo, etc., todo para bien de los demás. Así se explica la diversidad de carismas y dones en la iglesia para el bien de todos.

            Es precisamente por la vía afectiva como mejor podemos entender este misterio.

            A las personas podemos decir que las queremos, pero, no es lo mismo que si las damos un abrazo, un beso, o tenemos un gesto de cariño y cercanía. Con ello, no basta, en el mejor de los casos, con decir que nos queremos, tenemos que demostrarlo con gestos, un beso, un abrazo, un detalle, una flor, una llamada, un correo, etc.

            Dios no se conformó con decir que nos quería mucho, con crearnos sin más. Dios demostró con hechos: cómo acompañaba a su pueblo, cómo le liberó de Egipto, cómo le acompañó por el desierto en los días soleados y sin agua, y en los días del maná,  y cómo los fue conduciendo hasta una tierra que manaba leche y miel.

            A los cristianos de nuestro tiempo nos falta sensibilidad para descubrir la providencia de Dios en nuestra vida, para descubrir que, “lo mismo que un padre siente ternura por su hijo, así Dios siente ternura por nosotros” (Sal 102,13-14).

            Nos falta sensibilidad para agradecer, sin parar, la gracia de la Salvación de Jesucristo, que vino a salvarnos y no a condenarnos, a dar sentido a nuestra vida, a hacernos Hijos de Dios, pues lo somos.

            Nos falta sensibilidad para descubrir en nosotros las manifestaciones del E.S. de múltiples formas y maneras con sus dones en situaciones tan distintas.

            El misterio de la Santísima Trinidad tenemos que entenderlo, pero sobre todo “vivenciarlo” desde el amor.

            Entenderlo como la relación de amor de los esposos, de los novios que se casan. No es posible entender la vida del novio sin la novia y viceversa de la cual brota el amor (E.S).

            De la relación de amor entre el Padre y el Hijo brota el E.S. En esa relación no puede faltar nadie para que no pierda el sentido. Esto es lo que llamamos la relación “ad intra” de la Trinidad.

            Lo mismo en la relación “ad extra” de relación hacia fuera con la humanidad. No se puede entender a Dios sin relacionarse con el mundo, con la humanidad.

            El mejor ejemplo, o paralelismo, para entender este misterio o relación del Padre, Hijo y E.S. es la relación entre las personas que se quieren. En el matrimonio, no se puede entender el uno sin el otro, de cuya relación brota, normalmente, los hijos como fruto de ese amor.

Hoy me pregunto:

            1. ¿ Cómo descubro el “amor de Dios Padre, Hijo y E.S.” en mi vida”?

            2. ¿Cómo es mí relación con Dios Trinidad y con mis hermanos los hombres: afectiva, intelectual, comercial, generosa, etc.?

            3. ¿Cómo relaciono los dones de creación, redención y dones particulares de mi vida con las tres personas divinas.?

  • Una idea: Un soloDios con tres personas distintas: Padre, Hijo y E.S.
  • Una imagen: La Santísima Trinidad.
  • Un afecto: La alegría de sentirme creado por el Padre, salvado por el Hijo y santificado por el E.S.
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