Domingo 5º de Pascua – Ciclo C (Juan 13, 31-33a. 34-35)

Comentario:

Queridos hermanos y amigos en el Señor:

Introducción:

La Primera Lectura, nos narra el primer viaje de Pablo y Bernabé, “volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia”. Estos, no se quedan en una ciudad hasta que convierten a todos, sino que van sembrando la palabra de Dios y dejan que fermente. Pero no se dedican sólo a predicar, “exhortar”, sino que organizan y estructuran la comunidad, nombrando algunos responsables, el colegio presbiteral. También “oraban y ayunaban” encomendándoles al Señor en quien habían creído.

La Segunda lectura nos dice que todos soñamos con un mundo nuevo y pensamos que es posible. La revelación nos lo anticipa, pintándolo como ciudad santa, como una novia bellísima, como un templo inmenso.

El evangelio de San Juan nos viene a decir que, cuando Judas desaparece, el mundo empieza a ser nuevo. Judas significa lo viejo, lo oscuro, lo injusto. Sin Judas el mundo se ilumina y se embellece.

            Judas es el desamor. La ley del mundo nuevo será la del amor, no sólo será ley, será la savia, el valor, el principio constituyente de toda comunidad y de toda sociedad. El amor será la marca de los hijos de Dios. El que no tenga la marca será hijo del diablo.

            Todo el evangelio de Jesús se resume en este testamento que es su mandamiento: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado. En esto reconocerán que sois mis discípulos”.

  1. UN MANDAMIENTO. “Amaos”.

Los mandamientos de Jesús se reducen a uno: amaos. Es una verdadera liberación. No tenemos que sobrellevar cargas insoportables, como tenían, por ejemplo, los judíos (cf Mt 9,11.28). La carga de Jesús es suave, la carga del amor. El amor no pesa, sino que da alas. Libera. ¿Pesa el hijo a la madre? ¿Pesa el hermano a su hermano? ¿Pesa al enamorado su «amor»? Todos los trabajos y todos los sacrificios pesan menos si se hacen desde la vocación y con amor; pero cualquier trabajo y sacrificio pesa mucho si se hace por obligación.

Todos los mandamientos se resumen en el amor. Nos lo explicaba S. Pablo: «Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley… La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» Rom 13, 8‑10). Incluso el amor de Dios está en el prójimo; el que ama a Dios -amor verdadero‑ amará todo lo que tenga que ver con Dios, y sabemos que Dios está en todos y en todo; y el que ama al prójimo ‑amor verdadero‑ está amando a Dios, que está en él. La regla de oro de las constituciones de la Compañía de Jesús nos invita a todos los Jesuitas: “A amar a Él en todas las cosas y a todas las cosas en Él” (Const. 288)

2. AGRADECIMIENTO MÁS QUE MANDAMIENTO.  “Como yo os he amado”.

La palabra mandamiento nos puede confundir. El amor no es una ley impuesta, sino una exigencia constitutiva. No es una carga sino una gracia que debemos vivirla con gozo y alegría.

Cuando uno se enamora vive, ¿triste o alegre? La vida tiene otro color …

El amor es una necesidad si queremos ser, si queremos vivir, si queremos realizarnos. Tanto es así que «el que no ama, está muerto” (1 Jn 3, 14).

El amor es el dinamismo más fuerte y liberador de la naturaleza humana, que está hecha a imagen y semejanza de Dios, que se define como Amor. Por eso, amando crecemos, nos liberamos, somos felices.

Pero en el hombre existen otras dinámicas contrarias al verdadero amor, todo tipo de egoísmo y violencia.

Jesús no sólo realza la necesidad de amor, sino que nos regala la capacidad para amar. Nos regala su amor, la caridad, el amor limpio, incondicional, misericordioso. Él ha venido para amarnos y contagiarnos así de su amor. Por eso nos pide un amor como el suyo, como yo os he amado. Es un amor divino que no cabe en el corazón humano, por eso él nos lo regala.

Nos regala también el Amor, el mismo Espíritu Santo, derramado en nuestros corazones (Rom 5,5). Como ve nuestras flaquezas para amar, nos da la fortaleza de su Espíritu (Rm 8,26).

Este amor, el de Jesús, el del Espíritu, el de Dios, es tan limpio y tan grande, que necesitamos una purificación y despojo radical para poder recibirlo. Es un fuego poderoso –llama de amor viva- que quema las raíces más profundas de nuestro natural, todas viciadas de desamor, y hace de nosotros hombres nuevos. Pero para eso hay que dejarse quemar, hay que dejarse amar.

El amor ha de brotar del agradecimiento, del corazón, de la consciencia del amor recibido, no de la voluntad, ni de la razón.

El amor es un don y un regalo no una imposición, ni una obligación. El enamorado no ama por obligación, ni la madre nos hace la comida por obligación, ni el padre va a trabajar por obligación.

El amor es la motivación que mueve el mundo. Ésta nace de la consciencia y del agradecimiento.

Dios nos ama con locura y con pasión.

San Ignacio, en la Contemplación para alcanzar amor, nos invita a pedir: “Conocimiento interno de tanto bien recibido, para que, enteramente reconociéndolo, en todo podamos amar y servir

Nos invita a hacernos conscientes de los dones de creación, redención y dones particulares que Dios nos ha regalado. Nos ha manifestado su amor y sigue manifestándolos hoy, aquí y ahora. Ante este derroche de amor, ¿cuál es mi reacción? Gracias, Señor. En todo amar y servir desde el agradecimiento, y no desde la obligación o imposición. Como una madre a sus hijos.

3. AL FINAL DE LA VIDA NOS EXAMINARÁN EN EL AMOR.

         “La señal por la que os conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”.

Si el amor es la actitud de los cristianos se tiene que notar en nuestro entorno familiar, de trabajo, social, etc. Porque este amor no sólo es entre los cristianos, sino con todo el mundo, aunque especialmente entre los cristianos.

 San Ignacio en la contemplación para alcanzar amor nos pone dos notas:

1. El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras.

2. El amor consiste en la comunicación del amante al amado y del amado al amante.

    A los jóvenes enamorados se les nota en la cara. Viven alegres, optimistas, ilusionados, etc. A nosotros, cristianos, ¿también se nos nota en nuestra cara, sonreímos con frecuencia, somos optimistas, generosos, sinceros, limpios de corazón, alegres, esperanzados? …

San Juan de la Cruz nos dice que al final de la vida nos examinarán del amor. Este examen es el más importante de nuestra vida. La oposición que realmente tenemos que aprobar. Debemos hacerlo día a día. Aprobar por parciales. Al final del día podemos y debemos preguntarnos: ¿Hoy cómo me he sentido amado por Dios? y ¿Cómo y de qué manera he amado a Dios y a mis hermanos los hombres?

Así viviremos más felices y haremos más felices a los demás. Amén.

Hoy me pregunto:

  1. ¿Cuál es la motivación por la que hago las cosas: la obligación o el amor?

¿Desde el agradecimiento o desde la obligación?

  • ¿Mis actitudes muestran que soy discípulo de Jesús? ¿Reparto y comparto los dones y cualidades que Dios me ha dado con los demás?
  • Una idea: “Amaos los unos a los otros”
  • Una imagen: La última cena.
  • Un afecto: La alegría de sentirse amado y de amar.

Para terminar, permitidme un cuento:

   Cuentan que un agricultor sembraba todos los años maíz en sus campos. Después de muchos años, logró conseguir la mejor semilla de maíz que se podía obtener. Mientras los cultivos de sus vecinos daban cinco mazorcas por uno, el suyo daba cincuenta mazorcas por un grano. El hombre se preocupaba por dejar cada año una buena cantidad de semilla para volver a sembrar y regalarle a todos sus vecinos, que se alegraban con esta generosidad del agricultor. Cuando alguien le preguntó por qué hacía eso, él respondió: «Si mis vecinos tienen también buen maíz, mis maizales serán cada vez mejores; pero si el maíz de ellos es malo, también mi maizal empeorará». Nadie entendió la respuesta, de modo que él añadió: «Los insectos y los vientos que llevan el polen de unos sembrados a otros y fecundan las cosechas para que produzcan su fruto, no tienen en cuenta si los sembrados son míos o de mis vecinos… Mis sembrados crecerán lo que los sembrados de mis vecinos crezcan».

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